En
el Perú, el sicariato avanza cada vez más. Por ejemplo, en el Callao todos los
días se vive un “Estado de Emergencia”, declarado después del asesinato del
expresidiario Wilbur Castillo en diciembre del 2015. Por ello, un informe de la
Policía Nacional del Perú, señala que uno de cada tres homicidios en el Perú es
cometido por un sicario, siendo las cifras desde enero a diciembre del 2015 un
total de 288 asesinatos. Además según el Instituto Integración, casi la mitad
de este tipo de crímenes fue perpetrado por menores de edad.
El
sicariato de menores es un fenómeno realmente complejo ya que detrás de ellos
están organizaciones criminales, que no se dedican solo al sicariato y
manipulan a estos jóvenes para que cada vez cometan más actos delictivos si es
que no se realiza lo que ellos quieren. Si bien es cierto, existe ya una ley en
el Perú que no está funcionando, considero que la mejor solución no es
modificar la ley, sino diseñar e implementar políticas de prevención y de
acompañamiento para los menores infractores de la ley penal.
Posteriormente,
opino que se deberían dar ciertas consideraciones ante las propuestas de
agravar la sanción penal ya que muchas veces se olvida la elevada tasa de
reincidencia, así como el hecho de que si se reduce la edad penal a 15 años, lo
más probable es que se contraten a menores de 14 años, entonces no se estaría
solucionando nada, simplemente se seguiría en lo mismo, incluso si es que se aumenta
el máximo de pena de cárcel, lo único que se estaría haciendo es postergar el
problema para dentro de 30 años y lo peor es que cuando esa persona salga de la cárcel, no va a
salir rehabilitada.
Si
el Perú sigue pensando en resolver el sicariato juvenil únicamente mediante la
sanción penal, este solo se va a incrementar. Por esta razón, la labor del
estado es de suma importancia ya que es donde recae el trabajo de prevención,
específicamente al ejecutar el Plan Nacional de Prevención y Tratamiento del
Adolescente en Conflicto con la Ley Penal, el primer programa que aprobó el
Consejo Nacional de Política Criminal del gobierno actual, para que el
adolescente tenga un tratamiento especialmente preventivo.
Por
último, considero que los programas realmente deben contar con el apoyo de
educadores, psicólogos y presencia policial ya que se trata de logar un contacto
con las poblaciones juveniles expuestas a la delincuencia. Por ejemplo, si el
menor comete una infracción, se debe trabajar en su rehabilitación y que
culmine su proceso de socialización.
En
mi opinión, si se quiere reducir la utilización de jóvenes como sicarios o
delincuentes, el Estado debe invertir en educación y empleo, incluso considero
que la mejor forma de luchar contra el sicariato juvenil es trabajando
políticas de prevención, además que las de sanción.
A
continuación, les dejaré investigaciones, las cuales me ayudaron a escribir la
publicación, y considero que será muy importante que las lean para que estén mas
informados:
Merida,
H. (2015). Investigación del sicariato y de los factores que influyen en la
personaMpara convertirse en sicarios. En Universidad Rafael Landívar.
Recuperado el 16 de mayo de 2016, de http://www2.congreso.gob.pe/sicr/cendocbib/con4_uibd.nsf/99C261CEDE3263B205257F340073ADC4/$FILE/Merida-Hodenilson.pdf
Tejada,
S. (2014). Efectos de las medidas socioeducativas en el Perú y en el derecho
comparado en los países de Chile, Costa Rica y Nicaragua. En Universidad
Privada Antenor Orrego. Recuperado el 16 de mayo de 2016, de http://repositorio.upao.edu.pe/bitstream/upaorep/397/1/EFECTOS_MEDIDAS_SOCIEDUCATIVAS_TEJADA_SHARON.pdf
Gamboa,
J. (2013). El sicariato en el Perú. En Universidad Cesar Vallejo de Trujillo. Recuperado
el 16 de mayo de 2016, de http://www.academia.edu/8947422/El_sicariato_en_el_Per%C3%BA



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